Esbozo histórico de Mas Buret.

La marca actual existe gracias a la constancia y el cuidado de Jaume Oliva Claramunt y Núria Codina Mas, actuales propietarios de la finca y de las instalaciones.
Mas Buret era una finca olvidada que pertenecía a la finca de Cal Bisbal. En los años 70 llegó a manos de los actuales propietarios que hicieron importantes mejoras (canalización del agua, entramado eléctrico, teléfono, etc.).
Posteriormente, hacia los 80, tras aumentar el número de colmenas, se inició la construcción de una nave de 200 metros cuadrados para la extracción, recolección y envasado de la miel y el polen.
Hacia los 90, con la obtención del certificado de Industria Agraria y una compra importante de colmenas a Josep Calaf, apicultor de renombre de Santa Coloma de Queralt, se alcanzó el número de 250 colmenares.
En el año 2010 se aumentó el número de colmenas y se mejoró el equipamiento del local.
En el 2013 se inició la cría de reinas con la colaboración de Tom Lesprit, especialista francés, y se amplió el número de puntos de venta.
En la actualidad, la marca se va consolidando en las comarcas del Anoia, Bages, Penedés y Baix Llobregat y se abre mercado en muchos otros puntos de la geografía catalana. Se ha aumentado el número de colmenares y se incorpora mano de obra para ayudar en los trabajos apícolas.
Esperamos que en los próximos años sigan creciendo nuestras colmenas, colaboradores, puntos de venta, etc.

Tradición apícola.

Las familias Oliva-Codina tienen un origen agrícola. Los padres, los abuelos y los bisabuelos se han dedicado a la apicultura.
Lluís Codina Prats enseñó el oficio de apicultor a su hijo Josep Codina Colom. Por esta estirpe llegamos a la cuarta generación de apicultores en nuestra familia.
La esposa de Josep Codina es Teresa Mas Braup. Tiene en la actualidad 91 años de edad y nos cuenta esta historia:

“Un día, su abuelo Josep Braup, masovero de Valldòria, fue a trabajar al colmenar y ella, a escondidas, le siguió. Cuando el abuelo comenzó a manipular las colmenas algunas abejas volaron rápidamente hacia la niña, que estaba escondida entre los arbustos. Las picaduras la dejaron muy aturdida y aprendió que era mejor mantenerse alejada de aquellos insectos cuando el apicultor estuviera cerca.”

En la actualidad se puede ver el lugar donde su marido, ya fallecido, tenía una de las colmenas. Las abejas siguen saliendo de una colmena desde quién sabe los años…